Estados Unidos ha elevado su amenaza militar contra Venezuela y ha extendido advertencias a Colombia, planteando un escenario de operaciones limitadas y presión regional que incrementa el riesgo estratégico en Sudamérica.
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Resumen ejecutivo
En los últimos días, el presidente de EE. UU., Donald Trump, ha anunciado que “muy pronto” comenzarán ataques terrestres contra objetivos vinculados al narcotráfico en Venezuela y ha advertido que “cualquier país” que produzca o trafique drogas hacia Estados Unidos “está sujeto a ataques”, mencionando expresamente a Colombia. Estas declaraciones se suman a una campaña ya en curso de bombardeos a “narcolanchas” en el Caribe, que ha causado más de 80 muertos, incluido al menos un pescador colombiano, hoy objeto de una denuncia ante la CIDH.
La evaluación de inteligencia indica que la probabilidad más alta en el corto plazo es la ampliación de operaciones cinéticas limitadas (bombardeos, misiles de precisión, incursiones fuerzas especiales) contra objetivos vinculados al narcotráfico en territorio venezolano, en especial en zonas costeras y de infraestructura del llamado Cártel de los Soles. Una operación terrestre a gran escala o invasión clásica de Venezuela se considera poco probable, por sus costos militares y políticos, aunque incursiones puntuales de fuerzas especiales no pueden descartarse.
En el caso de Colombia, pese a la retórica extrema de Trump (afirmando que Colombia tiene “fábricas enteras de cocaína” y que es “susceptible de ser atacada”), la probabilidad de ataques directos en su territorio sigue siendo baja, dado el carácter de socio estratégico, la interdependencia de seguridad y el rechazo frontal del presidente Gustavo Petro, que ha calificado cualquier ataque como una “declaración de guerra”. Es más probable un endurecimiento de sanciones, certificaciones negativas, presión diplomática y eventualmente acciones encubiertas u operaciones conjuntas discretas, antes que bombardeos abiertos sobre suelo colombiano.
En cuanto a ataques de “decapitación” contra altos personeros del gobierno venezolano o el propio Maduro, el análisis doctrinal y político sugiere que el escenario existe como amenaza psicológica, pero su probabilidad operativa es muy baja: implicaría cruzar umbrales legales e internacionales comparables a un acto de guerra total y asesinato de un jefe de Estado, con riesgo de fuerte condena global. Es más plausible que Estados Unidos priorice blancos de nivel medio/alto ligados a redes de narcotráfico y seguridad, preservando ambigüedad sobre la figura de Maduro.
Análisis de inteligencia
Hechos recientes y contexto
Trump ha declarado públicamente que “empezarán con los ataques por tierra” en Venezuela muy pronto, asegurando que en tierra “es más fácil” porque conocen rutas y domicilios de los objetivos, y prometiendo “acabar con esos hijos de puta”. Paralelamente, ha ampliado el alcance de la amenaza al afirmar que “cualquiera que esté produciendo drogas y se la venda a EE. UU. está sujeto a ataques… no necesariamente solo Venezuela”, señalando a Colombia por nombre propio.
Estas declaraciones se dan tras una llamada reciente con Nicolás Maduro, en la que, según fuentes de Reuters y medios regionales, Trump habría rechazado la mayoría de las exigencias del líder venezolano y le habría ofrecido una semana para abandonar el país con garantías de salida, plazo ya expirado. En paralelo, Washington mantiene una campaña de bombardeos a narcolanchas en el Caribe (“Lanza del Sur”), que ya ha provocado decenas de muertos y una denuncia formal ante la CIDH por la muerte de un pescador colombiano.
En el frente colombiano, Trump ha acusado a Gustavo Petro de encabezar el narcotráfico y su gobierno lo ha sancionado, incluyéndolo en listas financieras, intensificando la retórica hasta el punto de que Petro ha advertido que atacar territorio colombiano equivaldría a “declarar guerra”. La escalada discursiva se suma a señales de despliegue militar previo en el Caribe y evaluaciones en Washington sobre posibles acciones en Colombia, México y Venezuela como parte de una campaña más amplia contra el narcotráfico.
Capacidades militares y umbrales de acción
Estados Unidos dispone de superioridad militar absoluta sobre Venezuela y Colombia en términos de aviación, misiles de crucero, fuerzas especiales, capacidad ISR (inteligencia, vigilancia, reconocimiento) y proyección desde el mar Caribe y bases en la región. El despliegue previo de unidades navales, aeronaves de patrulla marítima y aviones de combate en el Caribe ofrece una plataforma ideal para ataques de precisión contra infraestructura de narcotráfico, radares, pistas clandestinas o depósitos militares.
Sin embargo, una operación terrestre de gran escala (invasión, ocupación de ciudades venezolanas o penetración profunda en Colombia) requeriría semanas de preparación logística visible (preposicionamiento de brigadas, buques anfibios, hospitales de campaña, refuerzos de mando y control), lo que no se observa en la misma escala en los reportes públicos actuales. La referencia a “ataques por tierra” puede interpretarse más plausiblemente como incursiones limitadas de fuerzas especiales, comandos, Rangers, Marines o Navy Seal en objetivos concretos, apoyados por potencia aérea, más que una invasión clásica estilo Irak 2003.
En el caso colombiano, la red de cooperación militar histórica con EE. UU. (Plan Colombia, entrenamiento, bases, inteligencia compartida) implica que Washington no necesita necesariamente atacar de frente para impactar en la cadena del narcotráfico: puede presionar para operaciones conjuntas, aumentar recursos de inteligencia, intensificar interdicciones marítimas y aéreas y, en un extremo, ejecutar operaciones encubiertas con alto nivel de negación plausible.
Intenciones estratégicas de Trump
Desde el punto de vista político, las amenazas cumplen varias funciones:
- Proyectar fortaleza interna en la narrativa “law and order”, trasladando el foco hacia un enemigo externo (los narcos y los gobiernos que supuestamente los amparan).
- Aumentar la presión coercitiva sobre Maduro, ofreciéndole una salida negociada (exilio seguro) frente a la amenaza de operación militar si se mantiene en el poder.
- Recalibrar la relación con Colombia desde una lógica de subordinación: la descertificación en lucha antidrogas, las sanciones personales a Petro y las amenazas de ataque buscan forzar cambios de política antidroga y alineamiento con la estrategia estadounidense.
- Enviar un mensaje disuasivo regional (México, Centroamérica, Caribe): la idea de que el narcotráfico ya no es solo un “problema interno” sino un casus belli.
Escenarios para Venezuela
Escenario 1: Continuidad y ampliación de ataques limitados (Alta probabilidad)
Lo más consistente con el patrón actual es la intensificación de la campaña tipo “Lanza del Sur”: ataques a narcolanchas, depósitos costeros, pistas clandestinas y posiblemente instalaciones del Cartel de los Soles, con empleo de aviones de ataque, drones armados y misiles de precisión. Estos golpes pueden ocurrir dentro de territorio venezolano (ya sea en franjas costeras o zonas selváticas fronterizas), acompañados de guerra informativa que exagere logros para reforzar la narrativa en EE. UU. Este escenario es probable en las próximas semanas o meses.
Escenario 2: Incursiones terrestres puntuales / comandos (Probabilidad media)
Las declaraciones sobre “ataques por tierra” pueden concretarse en operaciones de fuerzas especiales contra objetivos de alto valor: laboratorios mayores, centros de mando del Cartel de los Soles, depósitos de armas, o capturas puntuales de mandos. Esto podría hacerse desde el mar Caribe o desde países vecinos, con duración limitada y alto apoyo aéreo. Aunque arriesgado, es coherente con la doctrina estadounidense de golpear redes criminales transnacionales sin ocupar territorio de forma prolongada.
Escenario 3: Operación terrestre de gran escala / cambio de régimen (Probabilidad baja)
Una invasión destinada a derrocar al gobierno de Maduro implicaría combates urbanos, ocupación sostenida y riesgo de insurgencia prolongada, en un contexto donde EE. UU. ya enfrenta críticas por las muertes civiles de la campaña actual. El costo político interno e internacional sería enorme, más aún si se percibe como guerra por recursos (petróleo). La falta de un gobierno alternativo claramente organizado y el riesgo de implicación de Rusia o Irán (guerra proxy) reducen la probabilidad de este escenario.
Escenario 4: Decapitación del liderazgo (Muy baja probabilidad, alto impacto)
Aunque el discurso de Trump demoniza directamente a Maduro y su cúpula, el asesinato selectivo de un jefe de Estado cruza una línea roja histórica para Washington, asociado a prohibiciones en órdenes ejecutivas y a severas consecuencias diplomáticas. Más probable es la amenaza implícita de que en un conflicto abierto algunos líderes puedan ser blancos colaterales, o la focalización en jerarcas de segundo nivel (ministros, jefes de inteligencia, comandantes de la Guardia) vinculados al narcotráfico.
Escenarios para Colombia
Relación estructural
Colombia es el principal aliado militar de EE. UU. en Sudamérica y sigue recibiendo ayuda, inteligencia y entrenamiento. Incluso con un gobierno de Petro crítico, la arquitectura de seguridad bilateral (fuerzas armadas, policía, agencias de inteligencia) está profundamente entrelazada. Esto hace que un ataque directo al territorio colombiano sea mucho más costoso y menos necesario que en el caso venezolano.
Escenario 1: Presión diplomática y económica intensificada (Alta probabilidad)
Es altamente probable que Trump utilice certificaciones negativas en lucha antidrogas, sanciones selectivas, restricciones de cooperación, “Lista Clinton” y retórica agresiva para obligar a Bogotá a demostrar resultados más visibles contra el narcotráfico.
Escenario 2: Operaciones conjuntas o encubiertas (Probabilidad media)
Podrían incrementarse las operaciones conjuntas antinarcóticos, con participación más activa de fuerzas estadounidenses en inteligencia, drones y apoyo aéreo. En un extremo, EE. UU. podría ejecutar acciones discretas en zonas controladas por grupos armados, buscando negar su participación directa. Esta vía permite a Washington “mostrar acción” sin bombardear abiertamente ciudades o infraestructura colombiana.
Escenario 3: Ataques abiertos a blancos en Colombia (Probabilidad baja)
Aunque Trump ha dicho que Colombia “es susceptible de ser atacada”, un bombardeo directo sobre laboratorios o pistas en territorio colombiano violaría una relación estratégica de décadas y podría provocar una crisis política mayor, tal como Petro ha señalado (“atacar nuestra soberanía es declarar guerra”). La probabilidad no es cero especialmente si se produce un incidente grave vinculado a drogas y violencia en EE. UU., pero hoy sigue siendo baja comparada con Venezuela.
Conclusion
PRIMERO: Las declaraciones recientes del presidente Donald Trump representan un salto cualitativo en la doctrina estadounidense contra el narcotráfico, al redefinirlo como un casus belli extraterritorial que autoriza ataques en países productores, de tránsito o de protección política a organizaciones criminales. Esta narrativa —respaldada ya por bombardeos reales en el Caribe— eleva de manera sustancial el nivel de riesgo estratégico en el norte de Sudamérica.
SEGUNDO: En el caso de Venezuela, la probabilidad de acciones militares es alta en el corto plazo, especialmente bajo las modalidades ya demostradas por Washington: ataques aéreos y navales de precisión, operaciones contra rutas marítimas y eventualmente incursiones limitadas de fuerzas especiales dirigidas a objetivos asociados al Cártel de los Soles o infraestructura militar que facilite actividades ilícitas. Aunque una invasión terrestre amplia o un intento directo de derrocar a Maduro se considera poco probable, la retórica ofensiva de la Casa Blanca mantiene abierta la opción de golpes selectivos de alto valor que afectarían directamente la arquitectura de poder del chavismo.
TERCERO: Respecto a Colombia, pese a la dureza del discurso —incluida la advertencia de que el país es “susceptible de ser atacado”— la probabilidad de operaciones militares abiertas en su territorio sigue siendo baja, debido al peso histórico de la alianza bilateral, la cooperación antidrogas y el costo político que tendría para Washington vulnerar la soberanía de un socio estratégico. Sin embargo, la probabilidad de presión coercitiva, sanciones, operaciones conjuntas o acciones encubiertas es significativa y crecerá conforme avance la política de Trump de “responsabilidad absoluta” contra los países vinculados al tráfico de drogas.
CUARTO: En síntesis, el escenario más probable es una escalada militar limitada contra Venezuela, acompañada de presión política y operaciones de inteligencia más agresivas en Colombia. El riesgo de ataques directos a territorio venezolano es real y creciente; el riesgo de ataques abiertos en territorio colombiano es considerablemente menor, aunque no nulo en un contexto de incidentes graves o tensiones diplomáticas más profundas.







